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 :: Arte renacentista

Renacimiento (arte y arquitectura) , estilo artístico que se manifiesta en pintura, escultura y arquitectura en toda Europa aproximadamente desde 1400 hasta 1600. Los dos rasgos esenciales de este movimiento son la imitación de las formas clásicas, originariamente desarrolladas en la antigüedad griega y romana, y la intensa preocupación por la vida profana que se expresa en un creciente interés por el humanismo y la afirmación de los valores del individuo. El renacimiento se corresponde en la historia del arte con la era de los grandes descubrimientos, impulsados principalmente por el deseo de examinar todos los aspectos de la naturaleza y del mundo.

Esta corriente de vitalidad creadora tuvo su cuna en Italia, desde donde se extendió a otros países como Alemania, Francia, Holanda y España.

Las grandes musas de esta época fueron las obras de la antigua cultura greco-romana, que abrieron nuevos horizontes a la creación artística. Claro que no se trató de una simple imitación del pasado, sino que se hicieron grandes avances, especialmente en el campo de la pintura. La preocupación por la perspectiva, por ejemplo, es una de las características de los creadores renacentistas.

Dicho en otros términos, ellos se preocuparon de mejorar las técnicas para representar imágenes con volumen o tres dimensiones, sobre un plano como un lienzo, que sólo tiene dos dimensiones. Las obras comenzaron a ser proyectadas cuidadosamente antes de ser llevadas a cabo. Y los artistas pasaron a ser considerados intelectuales más que artesanos.

Los primeros pasos

Como dijimos al comienzo, no existe una fecha precisa para determinar el inicio del Renacimiento. Sin embargo, ya a comienzos del siglo XV encontramos hombres como Fillippo Brunellschi, arquitecto que construyó la cúpula de la catedral de Florencia y la iglesia de San Lorenzo, en la misma ciudad.

Lorenzo Ghiberti, por su parte, pasó a la historia, ya que realizó magníficos bajorrelieves en bronce en las puertas del baptisterio de Florencia. Su obra maestra fue bautizada por el propio Miguel Angel como la Puerta del Paraíso. Uno de los ayudantes de Ghiberti más tarde llegó a ser considerado también como un maestro de la escultura. Se trata de Donato Bardi, más conocido como Donatello. Este artista, también florentino, fue uno de los primeros en utilizar modelos vivos para sus esculturas, con lo que logró darles un gran realismo.

La pintura

Entre los pintores, por otra parte, un humilde fraile logró sobresalir por su serio estudio de la perspectiva y el aspecto angelical de sus figuras. Este hombre, llamado Giovanni da Fiésole, conquistó la admiración de sus contemporáneos, que lo llamaron Beato Angélico . Para algunos, sin embargo, el primer gran pintor que reunió las principales características del Renacimiento fue Alessandro Boticelli, quien se destacó por su tendencia naturalista y la dulzura de sus personajes.

Pero no sólo en Italia brotaba el arte renacentista. La pintura flamenca, por ejemplo, también aportó en el siglo XV nombres tan importantes como el de los hermanos Van Eyck y Hugo van der Goes, El Bosco ( holandés), Durero (alemán) y muchos otros creadores que se nos quedan en el tintero, forjaron el camino a las cumbres renacentistas.

Un genio múltiple : Leonardo da Vinci

Quien mucho abarca, poco aprieta, dice el refrán. Pero siempre hay excepciones en cada regla. Y Leonardo da Vinci es, sin duda, prueba de ello. Este gran maestro, nacido en Vinci (Italia) el año 1452, se interesó en prácticamente todo lo que podía abarcar sus ojos y su mente.

Y logró sobresalir en todas la áreas a las que se dedicó. Las ciencias, por ejemplo, le deben grandes estudios. Pero dejemos eso para más adelante. Por ahora, no referimos principalmente a su genio artístico. Para Leonardo, la misión del artista era explorar el mundo visible con la mayor rigurosidad. En 1469 se trasladó a Florencia, y fue aprendiz del pintor y escultor Andrea del Verrocchio.

Con miles de ideas dándole vueltas continuamente en la cabeza, no es de extrañar que este hombre múltiple nos legara muchas obras pictóricas acabadas. Se dice que el maestro no quería que cualquiera pensara que podía ir a encargarle un cuadro, sin más. Incluso muchas veces dejó en el aire a sus clientes, sin cumplir sus encargos.

Las obras maestras

Pero en arte, como en muchas otras cosas, lo importante no es la cantidad, sino la calidad. Y en este aspecto, da Vinci fue un ejemplo para sus contemporáneos y para los creadores posteriores.

Uno de los cuadros más famosos de este maestro es, sin duda, la Mona Lisa o, dicho en castellano, "Señora Lisa". Es más, muchos consideran que este es el cuadro más famoso del mundo. Y, en realidad, el rostro de esta dama florentina ha recorrido la tierra entera en cientos de afiches, tarjetas postales e incluso anuncios publicitarios. Mucho se ha hablado de la enigmática expresión de este rostro, que a veces parece sonreír y otras refleja cierta amargura.

En realidad, da Vinci dejó un campo a la imaginación de los espectadores. El utilizó brillantemente la técnica de esfumar y suavizar los colores, quitando rigidez a los contornos. Y este es el secreto de la Mona Lisa, cuyos ojos y comisuras de los labios, fundidos con suaves sombras, adquieren nuevos matices cada vez que los miramos.

Otra de las grandes creaciones de Leonardo es la Ultima Cena que, lamentablemente, sufrió gran deterioro con el paso de los años. La armonía de esta obra y la profundidad de la escena fueron producto de un arduo trabajo. Según se cuenta, en ocasiones Leonardo pasaba todo un día meditando con el pincel en la mano, sin decidirse a dar un trazo. Y es que, aparte de la excelencia técnica, el espíritu plasmado es el que da grandeza a las obras cumbres del arte.

Miguel Angel Buonarotti

"Nada puede el artista concebir/ ni puede con la mente imaginar/ que en un mármol no pueda inscribir/ la mano que obedece a mi pensar...", son palabras atribuidas a Miguel Angel Buonarotti, una de las figuras cumbres del Renacimiento italiano.

Nacido por el año 1475 en Caprese (Toscana), Miguel Angel quiso desde muy joven dedicarse a la creación artística..., para desesperación de sus padres.

De nada valieron los discursos, enojos y hasta golpes que le propinaron para hacerle cambiar de opinión. Él había decidido su camino. Con un carácter nada angelical y mucha determinación, se salió con la suya. Su maestría llamó la atención de los Médici, que lo acogieron en su palacio, donde pudo desarrollar su talento y descubrió su pasión por la escultura.

Se cuenta que su nombre se cubrió de fama en Roma, debido a un episodio bastante particular: aplicando toda su maestría, imitó una figura de un Cupido dormido y se la entregó a Baldasare Milanesso. Este señor cayó en la tentación de hacer una tremenda pillería. Enterró la figura durante un tiempo y luego la vendió como si fuera una pieza antigua, a un precio exorbitante. Claro que, al poco tiempo, el fraude se descubrió y, aunque suponemos que al burlado comprador no le hizo ninguna gracia, toda la gente quedó admirada de la perfección con que la obra había sido realizada.

Miguel Angel llegó a Roma en 1496. De inmediato puso manos a la obra, con un vigor impresionante. Fruto de esta época es el hermoso David que, para muchos, es el máximo de la perfección. Con algo más de 5 metros de altura (incluyendo la base), este joven de mármol es el mejor himno de admiración a la belleza del ser humano. Por ese mismo tiempo, dio forma a La Piedad, escultura que representa a la Virgen con el cuerpo de Jesús en sus brazos.

El artista, a esas alturas, ya era sumamente famoso en Italia. Naturalmente no tardó en convertirse en el favorito de los papas. Pero, junto a los aplausos también recibió un peso que muchas veces lo sacó de sus cabales: encargos y más encargos.

El Papa Julio II, le encomendó realizar una tumba monumental en la Basílica de San Pedro, que por aquel entonces estaba remodelando el arquitecto Bramante. Aunque el artista estaba de lo más entusiasmado, la obra se fue postergando una y otra vez. Dicen que en esto tuvo que ver el propio arquitecto que, molesto por la admiración que el papa sentía hacia Miguel Angel , convenció al pontífice que construirse una tumba en vida era como tentar al destino. El caso es que Julio II, le encargó entonces decorar la bóveda de la Capilla Sixtina, del Vaticano. Esta vez, la idea no le pareció nada genial a Buonarrotti.

Él quería seguir dedicado a la escultura y no le tentaba para nada ponerse a pintar... y menos en las incómodas condiciones que imponía la tarea de pintar frescos en el cielo de una bóveda, sobre un andamio. Esta vez, el papa fue más testarudo que el propio Miguel Angel, quien tuvo que aceptar. A pesar de haber emprendido la tarea a regañadientes, el resultado fue prodigioso.

Una vez finalizada la obra, el artista volvió a trabajar en las esculturas para la tumba del pontífice. Por esas cosas del destino, sólo una de ellas ocupó el lugar para el que fue concebida. Se trata de la solemne estatua de Moisés, famosa por la expresión de su rostro.

El juicio

Entre 1536 y 1531, encontramos a Miguel Angel trabajando nuevamente en la Capilla Sixtina. Esta vez le tocó hacer un imponente fresco en la pared tras el altar mayor, en el cual representó magistralmente El Juicio Final La expresividad y el estudio de los cuerpos, patentes en esta obra, han maravillado a la gente por siglos. Sin embargo, los desnudos que primitivamente había en la pintura, causaron polémica entre algunos puritanos. Se relata que un maestro de ceremonias que visitó la capilla se escandalizó mucho. En respuesta, Miguel Angel no encontró nada mejor que incluir a este personaje en la parte dedicada al infierno.

"El Divino" Rafael (Rafael Sanzio)

Por la misma época en que Leonardo y Miguel Angel competían en fama y maestría en Florencia, un joven pintor, llamado Rafael Sanzio comenzaba a dar que hablar en la región de Umbría (al centro de Italia).

Desde joven llamó la atención como un artista promisorio en el taller del maestro Pietro Perugino . Más tarde se trasladó a Florencia, donde no era nada fácil triunfar, ya que había que conquistar un lugar en el campo donde reinaban dos gigantes del arte. De hecho muchos artistas jóvenes se descorazonaban de entrada, sabiendo que sus obras serían comparadas con las del gran Leonardo.

Pero aunque Rafael no poseía los hondos conocimientos de éste, ni la fuerza de Miguel Angel, llevaba en la manga su propio as de triunfo: la dulzura de su carácter, tan diferente a la personalidad temperamental de los grandes, le hizo ganar la simpatía de mucha gente... y también la de los mecenas.

Un triunfador

Sus grandes obras son tan dulces y apacibles, que parecen haber sido pintadas sin ningún esfuerzo. Pero la aparente sencillez es fruto de un pensamiento profundo y gran esmero. Ejemplo de esto son sus famosas madonas, muy admiradas.

Tras su estada en Florencia, Rafael fue llamado a Roma, por la misma época en que Miguel Angel trabajaba en la Capilla Sixtina. Julio II encontró de inmediato una tarea para el joven Rafael, y lo puso a decorar las paredes de varias salas del Vaticano. Entre los frescos de estas estancias figura, por ejemplo, la Escuela de Atenas, que resume la escuela de la filosofía magistralmente.

Fue tal la admiración que despertó Rafael con sus obras, que recibió el apodo de "El Divino". Bajo el papado de León X llegó a ser el verdadero director de artes en la corte del Vaticano. Pero esta idea llena de bellezas y triunfos fue bastante breve. En la primavera de 1520, los 37 años de edad, Rafael murió. El cardenal Bembo, un erudito de la época, inscribió en su epitafio el sentir de sus admiradores. "Esta es la tumba de Rafael, en cuya vida la Madre Naturaleza temió ser vencida por él y a, cuya muerte, ella también murió.



Fuentes y Referentes de Consulta:
Enciclopedia Escolar Icarito
Enciclopedia Microsoft Encarta


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