El Renacimiento: avances científicos

Durante gran parte de este período llamado Renacimiento, el espíritu mundano y racional y el enorme deseo de aprovechar las fuerzas de la naturaleza que nació en artistas, intelectuales, alquimistas e, incluso, en algunos ricos señores feudales y burgueses, llevaron a esos hombres a realizar importantes inventos.

A este despertar científico se agregaron otros que comenzaron a formular teorías novedosas para esa época y algunos se atrevieron a explicar científicamente los misterios de la vida y del universo. El primer representante de este nuevo espíritu fue Leonardo da Vinci verdadero genio del Renacimiento, quien mezcló todo su talento artístico con un deseo insaciable por descifrar los secretos de la naturaleza.

Junto con realizar proyectos de nuevas estatuas, bocetos de pintura y observar el cielo para elucubrar teorías espaciales, Leonardo realizó completos estudios de anatomía humana, dejando descripciones del corazón, sobre la estructura de la columna vertebral y los músculos. La consigna que tenía da Vinci era que la experiencia “es el único intérprete de la naturaleza”. También estimaba que ninguna investigación podía llamarse verdadera ciencia si no pasaba por la demostración matemática.

También se hicieron progresos en medicina y anatomía, especialmente tras la traducción, en los siglos XV y XVI, de numerosos trabajos de Hipócrates y Galeno; también fueron traducidos en el siglo XVI algunos de los más avanzados tratados griegos sobre matemáticas. Entre los avances realizados destacaron la solución de ecuaciones cúbicas y la innovadora astronomía. La geografía se transformó gracias a los conocimientos empíricos adquiridos a través de las exploraciones y los descubrimientos de nuevos continentes y por las primeras traducciones de las obras de Tolomeo y Estrabón.

Otros sabios

Otros investigadores notables del Renacimiento fueron Nicolás Copérnico (1473-1543), quien contribuyó con sus estudios de astronomía a aclarar la estructura del universo, llegando a formular la teoría heliocéntrica, según la cual la Tierra forma parte de un sistema astronómico que tiene por centro el Sol.

Galileo Galilei (1564-1642) fue el continuador de Copérnico. Perfeccionó el telescopio, que le permitió hacer observaciones con un aumento de 30 veces. Formuló la teoría sobre la caída de los cuerpos: en el vacío caen a igual velocidad; Newton formuló la ley de la gravitación de los cuerpos; Kepler descubrió que los planetas describen órbitas elípticas alrededor del Sol.

Estos y otros progresos en la astronomía permitieron rectificar el calendario. El Calendario Juliano, establecido en su tiempo por Julio César, se basaba en un cálculo erróneo del año solar, de modo que el año calendario excedía el año real o solar en 11 minutos y 14 segundos.

Cada 128 años, el año calendario completaba una diferencia de un día con respecto al año solar, razón por la cual, en el curso de los siglos, se había producido una diferencia de 10 días. En el año 1582, el Papa Gregorio XIII estableció el Calendario Gregoriano. Con el propósito de hacer coincidir nuevamente el año calendario con el año solar, se saltaron 10 días: el 5 de octubre de 1582 se convirtió el 15 de octubre del mismo año.

Relojes y vidrios

En el siglo XV se colocaron relojes públicos en la mayoría de las ciudades importantes, y también se inventó el reloj de bolsillo. El uso de esta máquina obedeció a una nueva concepción del tiempo y a una nueva actitud frente al momento y sus exigencias. Paralelamente, la industria del vidrio creció y mostró grandes progresos. Se inventó el vidrio transparente incoloro y también el cristal, con el que posteriormente se hicieron los anteojos.

Bombardas y mosquetas (Primeras armas)

Los chinos descubrieron la pólvora, los árabes la adaptaron para usos bélicos y los europeos lograron perfeccionar las armas de fuego creando los primeros cañones, que llamaron bombardas. Esta síntesis abarca desde los primeros siglos de la Era Cristiana hasta el siglo XV.

El inocente invento de los chinos, que sirvió en los comienzos para la preparación de cohetes y fuegos artificiales, transformó totalmente las acciones de guerra y también de los ejércitos. Durante la invasión de España, a comienzos del siglo XIV, los árabes emplearon por primera vez, aunque rústicamente, las armas de fuego.

Fue el inicio de una época difícil y de experimentos con esta mezcla de salitre, carbón y azufre, que se denominó pólvora.

Gutenberg y la imprenta

Como todos los grandes descubrimientos, la invención de la imprenta en 1440 originó todo tipo de controversias y reacciones favorables y en contrario. Transcurrieron muchos años antes de que este sistema, creado por Juan Gutenberg, fuera aceptado por los círculos científicos e intelectuales de Europa.

Los historiadores actuales coinciden, sin embargo, en incorporar a la imprenta como uno de los objetos fundamentales que llevaron a desarrollar el movimiento cultural llamado Renacimiento.

Libros y trapos

La invención del alemán Gutenberg revolucionó la cultura de la época, aún cuando la imprenta no fue bien recibida en los primeros años. Algunos veían en ella la decadencia de la dignidad de la cultura, confiada para su difusión a las manos de los obreros. Otros temían que se propalasen escritos inmorales o que incitasen a los pueblos a la revolución.

Hasta ese momento, todos los libros estaban escritos en volúmenes hechos de cuero de oveja o cabra, especialmente adecuado para ese propósito. La imprenta trajo aparejada la creación del papel, que se hizo con la utilización de trapos. El uso de las camisas se había popularizado en todas las grandes ciudades, razón por la cual abundaban los trapos.

Los inventores fueron los árabes, quienes aprendieron de los chinos, que también ocupaban fibras vegetales. Los opositores más empecinados de la imprenta fueron los copistas de pergaminos, porque veían en ella su desocupación, y los propietarios de bibliotecas, porque temían la desvalorización de sus manuscritos.

Los beneficios

A pesar de los inconvenientes, la imprenta fue imponiéndose al sistema antiguo y los libros comenzaron a ser leídos por mayor cantidad de gente, e incluso, algunos bibliófilos exigían sólo libros impresos en sus bibliotecas.

El milagro de la impresión conquistaba público entre los cultos e incultos. La primera obra impresa fue la Biblia, que salió de la prensa en 1455. En poco tiempo logró récords de tirajes. En el 1500 la imprenta operaba en prácticamente toda Europa. En 1522, el Nuevo Testamento, corregido por Lutero, alcanzó una tirada de 100 mil ejemplares.

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