Antiguas civilizaciones americanas

Los paleoantropólogos siguen debatiendo sobre dónde evolucionó el hombre moderno y cómo se dispersó por el mundo. La cuestión es si la evolución tuvo lugar en una pequeña región de África o en una amplia área de África y Eurasia. Y aún más, si las poblaciones humanas modernas procedentes de África desplazaron a todas las poblaciones humanas allí existentes, llegando a producir en último término su extinción.

Desde Asia, a través del estrecho de Behring, pasaron a América los primeros inmigrantes hace aproximadamente cuarenta mil años. Esta hipótesis, ampliamente difundida y aceptada, afirma que esta ruta septentrional fue utilizada tanto por hombres como por animales, que se trasladaron desde la estepas siberianas hacia Alaska, en sucesivas oleadas.

El actual estrecho de Behring lo forman las aguas que cubren la plataforma continental que une a la península siberiana de Chukotsky con la península de Seward en Alaska. Esta plataforma, hoy sumergida, de una profundidad media de sólo 37 metros, constituyó una gran masa de tierra continua entre ambos continentes. Un testimonio se observa hoy en las Islas Diomedes, ubicadas en la mitad del estrecho, formando un verdadero puente.

El estrecho de Behring, además, permanecía y permanece buena parte del año congelado y sólido, pudiendo por tanto cruzarse caminando de un continente a otro. Inclusive hasta la época actual pueden advertirse las semejanzas entre los Samoyedos de Siberia y los actuales habitantes de Alaska, el Norte de Canadá y Groenlandia.

Recordemos la identidad lingüística aún evidente entre los pueblos esquimales esparcidos alrededor del Artico en la América del Norte, todos descendientes de las últimas migraciones asiáticas. Hace 40 mil años los primitivos emigrantes se desplazaron desde Alaska hacia el Sur, bordeando los Montes Rocallosos, en busca de climas más propicios. Poblaron las llanuras centrales y las costas de California y Oregón en Norteamérica y Sudamérica posteriormente.

Hay indicios de la presencia de indígenas en Santa Rosa, California, hace aproximadamente 30 mil años, y no existen dudas sobre la antigüedad de grupos humanos que se establecieron en México y Perú entre 20 y 25 mil años atrás.

Debido a la circunstancia de que los inmigrantes que atravesaron el estrecho de Behring lo hicieron cuando aún no se habían desarrollado las grandes civilizaciones asiáticas, solamente trajeron con ellos los avances culturales y las técnicas del Neolítico. En consecuencia no conocieron el arado, la rueda, el cultivo del trigo ni laconstrucción del arco arquitectónico.

Sin embargo, en las decenas de miles de años que transcurrieron entre la ocupación por los asiáticos del continente americano y la llegada de los europeos, se diferenciaron los lenguajes indígenas y asimismo evolucionaron en forma distinta con avanzadas técnicas y otras manifestaciones culturales.

Debido al hecho de que los estímulos del medio ambiente geográfico fueron distintos, dadas las diferentes altitudes y latitudes, los grupos humanos amerindios alcanzaron distintos grados o niveles de desarrollo. Las diferentes condiciones actuaron sobre cada uno de estos grupos, ya sea obstaculizando o facilitando sus respuestas ante el medio ambiente. Algunos de ellos se mantuvieron en un nivel muy primario, especialmente aquellos que se localizaron en los extremos del continente, debiendo luchar contra una naturaleza hostil.

Otros, en cambio, alcanzaron importantes logros, domesticando animalescultivando maízlevantando construcciones de piedramodelando cerámica estableciendo avanzados sistemas de convivencia social.

Ejemplos de atrasadas culturas primitivas, fueron encontrados por los europeos entre los aborígenes australes. Por otra parte, civilizaciones avanzadas, en comparación a las anteriores e incluso a la europea en variados aspectos, fueron las del pueblo Maya en Yucatán y América Central, la Azteca en México y el Incanato en Sudamérica.

Respecto a las tesis de otras corrientes migratorias que habrían poblado el continente americano a través del Océano Pacífico, ésta constituye una realidad que debe continuar investigándose. La existencia de un número importante de similitudes en los cultivos, costumbres, expresiones del lenguaje y otros rasgos culturales entre los pueblos melanésico-polinésicos y los aborígenes americanos han llevado al convencimiento de la existencia de contactos, inclusive desde la Prehistoria. Sin embargo, no se han encontrado aún pruebas definitivas, subsistiendo especialmente dudas acerca de la dirección o sentido inicial de estos contactos: si llegaron desde la Polinesia hacia Sudamérica o viceversa.

Al respecto el etnólogo noruego Thor Heyerdalh, a fin de demostrar una de estas posibilidades de contactos entre la Polinesia y América , utilizando las corrientes oceánicas, preparó y dirigió una expedición. En la balsa “Kon-Tiki”, Heyerdalh y otros cuatro investigadores noruegos efectuaron en 1947 la travesía entre el Perú y el archipiélago de Tuamotú en la Polinesia. La “Kon-Tiki” llevada por la corriente de Humboldt, la cual se inclina hacia el Oeste frente al Norte del Perú, inició la travesía en el puerto de El Callao el 28 de abril de 1947, logrando llegar al atolón de Raroia, en Tuamotú, el 31 de julio de 1947.

Diez años después, la balsa Tahiti-Nui, navegó en sentido contrario el investigador francés Eric de Bisschopuniendo la Polinesia con las costas chilenas.

De Bisschop demostró asimismo que era posible la inmigración polinésica desde Oceanía hasta América, atravesando el gran Océano. Los malayo-polinésicos, eximios navegantes, recorrían hasta siete mil kilómetros sin escalar, cubriendo desde Nueva Zelanda, posiblemente su tierra natal, hasta las Islas Hawaii por el Norte, y desde Taiwán, frente a China, hasta la Isla de Pascua por el Pacífico Sureste.

Por otra parte, existe la tesis del antropólogo portugués Mendes Correia, quien sostuvo otra vía de inmigración hacia América desde Australia y Nueva Zelanda a través de las Costas antárticas del Pacífico y la península de la tierra de O’Higgins. Esta corriente migratoria, realizada cuando existían mejores condiciones, habría poblado la Tierra del Fuegoy los canales australes. Sin embargo, esta tesis pareciera tener antecedentes poco convincentes y fundamentos débiles.

En consecuencia, respecto a la procedencia de los primeros pobladores del continente americano, ofrece pruebas más sólidas la tesis tradicional del origen asiático utilizando el “puente” terrestre-helado del Estrecho de Behiring , entre 40 y 45 mil años atrás. Igualmente, la transmisión de rasgos culturales a través de navegantes que atravesaron el Pacífico Norte Central, estableciendo contactos entre la Polinesia y América, constituye otra tesis digna de consideración, aun cuando debe ratificarse con nuevas evidencias; por otra parte, antiguas teorías de inspiración bíblica se defendieron hasta el siglo pasado. Asimismo, en las últimas décadas del siglo actual presumibles poblamientos y descubrimientos hebreo, vikingo, fenicio, vasco e hindú han constituido teorías que cada cierto tiempo se sostienen.

Los mayas

Maya, grupo de pueblos indígenas que pertenecen a la familia lingüística maya o mayense y que tradicionalmente han habitado la parte occidental del istmo centroamericano, en los actuales estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo (península de Yucatán), Tabasco y este de Chiapas, en la mayor parte de Guatemala y en algunas regiones de Belice y Honduras, zona comprendida en Mesoamérica.

Los mayas no conformaron una cultura homogénea, ya que los distintos grupos, al parecer un total de 28, tenían su propia lengua, aunque todos ellos compartían los ámbitos económico, artístico, religioso e intelectual.

La civilización maya

La civilización creada por los mayas o mayas-quiché, sin duda alguna una de las más importantes y adelantadas de toda América, floreció en la amplia región la cual se ubican los actuales estados mexicanos de Tabasco, Yucatán y Chapas; República de Guatemala, Honduras, San Salvador y Honduras Británica (Bélice).

Toda esta región es abrupta y llena de selvas, con una rica hidrografía y abundante en serranías y zonas de gran actividad volcánica que presentan alturas superiores a los 3.555 metros. Por la misma configuración geográfica el clima va desde el helado de las alturas hasta el templado de las zonas intermedias, y el cálido del litoral. Los primeros enclaves culturales mayas se asentaron, al parecer, en Guatemala, donde se inició el desarrollo de su período conocido como Viejo Imperio.

El origen de los mayas sigue siendo un misterio, al igual que el de la mayoría de los pueblos americanos. Se han barajado multitud de teorías para explicar su fuente, pero hasta el presente nada se ha podido establecer con claridad. Muchos eruditos, con el fin de hacer más sencillos los estudios de esta civilización, han separado a los autores de esta cultura en dos grandes grupos: los mayas, propiamente tales, que en la época precolombina ocupaban el Yucatán y los quichés que desde el lago Atitlán se expandieron hasta el territorio que ocupa en la actualidad Guatemala.

A pesar de que cada grupo presenta características lingüísticas y otras propias del lugar en que viven (en la actualidad aún existen más de un millón de mayas puros), toda la familia maya es uno de les grupos étnicos más homogéneos de América.

La cultura maya sólo puede ser comparada en riqueza y complejidad con la azteca y aún hoy se discute sobre cual dio origen a la otra. La arqueología, a pesar de que es la ciencia que más luz ha arrojado sobre el pasado precolombino del Nuevo Mundo, ha agudizado más que terminado con esta polémica.

Se debe fundamentalmente a que ha sido posible determinar que muchos de los complejos culturales puestos al descubierto no son puros sino que su arquitectura, cerámica y arte en general, aparece influido por culturas anteriores, dando origen a un desarrollo mixto, en el cual se involucran dos, tres o hasta cuatro civilizaciones diferentes, superpuestas.

El pueblo

El pueblo maya, en muchos sentidos, fue, más “humano” que el sanguinario azteca. El hombre y la mujer maya común vivieron en continuo contacto con la naturaleza y supieron impregnarse con la belleza de las cosas que los radeaban; con los árboles, las flores, los pájaros, y los animales, y extrajeron de esta vivencia las normas espirituales de sus existencias.

Fueron grandes aficionados a la limpieza, a la pirtura y a los tatuajes. El traje común de los hombres era una manta bajo la cual usaban un taparrabos; las mujeres usaban una camisa llamada “yopte”. Quienes llevaban un atuendo mucho más vistoso y complejo eran los sacerdotes y los guerreros que aparecían adornados con profusión de plumas y pieles de animales.

Ambos sexos usaban pendientes en las orejas y anillos a través del tabique nasal. Entre sus diversiones más importantes estaba el canto, la danza, los “voladores” (esto consiste en girar con los pies amarrados a una soga sujeta a un mástil de hasta treinta metros de altura) y el juego de la pelota, usando para tal afecto una bola de hule. Al igual que los aztecas construyeron inclusive zonas especiales, especie de estadios, para practicar este último deporte.

La mitología maya ( El Popol-Vuh )

La mayor parte de la mitología del pueblo maya se encuentra en el“Popol-Vuh” “Libro del Consejo de los Indios Quiché” . Este libro originalmente fue pura tradición oral y en esa forma se conservó hasta el siglo XVI cuando fue escrito por un indígena en lengua quiché con caracteres latinos. Este texto llegó, afortunadamente, a las manos del cura párroco de Santo Tomás Chuilá, Fray Francisco Ximénez.

Como la población guatemalteca de Chilá se llama en la actualidad Chichicastenango, el texto también se conoce con el nombre de “Manuscrito de Chichicastenango”. Ximénez lo tradujo dos veces incluyendo la segunda versión, que le pareció satisfactoria, en el primer tomo de le “Crónica de le Provincia de Chiape y Guatemala”.

Otros textos importantes para la comprensión de la mitología maya son las crónicas de “Chilambalam” y de “Chacxulubchen”. El “Popol-Vuh” se inicia con el relato de la creación del Universo, la Tierra, las aguas y posteriormente los animales y el hombre.

Evolución cultural de los mayas

La cronología maya presenta fechas que funden el mito con la realidad 2.000 años antes de la conquista, sin embargo, algunos de los restos examinados arrojan, a lo sumo, una edad que coloca a los más viejos vestigios encontrados en el siglo II de nuestra era.

De acuerdo con esto se ha podido establecer la sucesión de los centros Político y culturales: Copán, Palenque, Piedras Negras, Quiriguá, Chichenitzá, etc. En la misma época en que Europa iniciaba el período más oscuro de la Edad Media, la civilización maya entraba en su época clásica, la de mayor esplendor.

Consolidado por los dictámenes y recursos espirituales de una religión comunal, su orden social llegó a la madurez. La población creció, los sacerdotes exploraron nuevos campos intelectuales, las artes florecieron. El talento artístico de los mayas alcanzó todo su apogeo en estructuras arquitectónicas tales como las del Templo del Sol, en Palenque.

Arquitectura y arte

Este pueblo fue un gran constructor de palacios y templos. Estos últimos suelen ser muy altos, colocados sobre pirámides escalonadas que permiten que desde su cumbre se domine el paisaje por sobre la naturaleza virgen de la selva. Alrededor del siglo X los mayas comenzaron a abandonar los centros de su cultura clásica desplazándose hacia el norte, a la península de Yucatán, pero allí cambió: en la ciudad principal de Chichén-ltzá el estilo escultural y arquitectónico de los mayas recibió la influencia de los toltecas. (En la foto: el Templo del Sol, en Palenque)

Los toltecas no sólo influyeron en las artes sino que también en la religión. Aportaron su dios Quetzalcoatl (la Serpiente Emplumada) que en Yucatán se conoció como Kukulkán.

Este pueblo fue un gran constructor de palacios y templos. Estos últimos suelen ser muy altos, colocados sobre pirámides escalonadas que permiten que desde su cumbre se domine el paisaje por sobre la naturaleza virgen de la selva. Alrededor del siglo X los mayas comenzaron a abandonar los centros de su cultura clásica desplazándose hacia el norte, a la península de Yucatán, pero allí cambió: en la ciudad principal de Chichén-ltzá el estilo escultural y arquitectónico de los mayas recibió la influencia de los toltecas. (En la foto: el Templo del Sol, en Palenque)

Los toltecas no sólo influyeron en las artes sino que también en la religión. Aportaron su dios Quetzalcoatl (la Serpiente Emplumada) que en Yucatán se conoció como Kukulkán.

Excelentes escultores nos han dejado obras tales como el obelisco de Quiriguá y los de Copán. También eran hábiles ceramistas. Los mayas tenían una escritura de glifos aún no del todo comprensible para nosotros, a pesar de que el erudito obispo Landa se preocupó hasta donde pudo de salvar de las llamas de los conquistadores muchos textos dibujados en pieles, 4 fibras de maguey y tejidos de algodón.

El calendario

En el calendario maya hay 18 meses con 20 días más cinco suplementarios; cada día tiene su número hasta 13 y cada mes un signo particular que lo identifica. Ciclos superiores a 1 año son el “katun”, veinte años y el ciclo de 52 años.

Aparte de este calendario, los sacerdotes utilizaban uno ceremonial de 20 meses, de 13 días cada uno con lo cual el año resultaba ser de 260 días. Los sacerdotes mayas estudiaron con detención el cielo y lograron suficientes conocimientos astronómicos como para determinar el período planetario de Venus y la necesidad de intercalar el día más cada 4 años en su calendario. Al parecer también predecían con extraordinaria exactitud toda clase de fenómenos celestes, como por ejemplo los eclipses.

Organización

Al igual que otros pueblos de la zona los mayas basaban su organización social en los clanes totémicos, exogámicos, y en el patriarcado. El padre de familia poseía una autoridad ilimitada sobre sus hijos hasta la mayoría de edad.

El clan estaba regido por un jefe, “halachninic”. Existían además caudillos o jefes militares en cada uno de los clanes y dos superiores al frente de la tribu.

Caza y agricultura

Los mayas fueron hábiles cazadores utilizando para el efecto el arco, la flecha y la lanza. Pescaban en los lagos y ríos con anzuelos hechos de espinas de pescado y con arpones con punta de piedra.

Aparte de la pesca y la caza su actividad primordial era la agricultura. Sembraban preferentemente maíz, el frijol y el cacao con el cual preparaban el chocolate. Ellos fueron el primer pueblo en conocer y fumar las hojas del tabaco ya sean en forma de cigarrillos o en cazoletas, como nuestras actuales pipas. En ciertas ceremonias religiosas estas hojas se quemaban y el humo se inhalaba colectivamente mientras se bebían licores espirituosos.

Religión

La religión maya era sumamente complicada, por lo cual su culto requería un gran número de sacerdotes junto a los cuales giraban adivinos y curanderos. Los sacerdotes se denominaban “balames”, los adivinos “chilanos” y los últimos “chamanes”.

Al frente del panteón maya estaba “Nohochacyum”, quien protege a los humanos de sus variados enemigos, entre los cuales está la serpiente “Hapikem”. Lo siguen la Luna, su esposo, los dioses de los cuatro puntos cardinales y otras deidades inferiores. Aparte de los dioses propiamente tales existían los semidioses y los héroes de la talla de “Itzamna” o Votán”. Entre los quichés los dioses principales, aquellos que habían creado al hombre y al universo, eran “Tepencucumatz” y “Xucarán”.

En la religión maya los sacrificios humanos no eran parte insustituible del rito y al parecer se efectuaban sólo en raras ocasiones. Generalmente se inmolaban animales.

Cuando un maya fallecía la familia se reunía en su casa y luego de poner en su boca un puñado de maíz, cubrirlo con sus mejores ropas y llenarlo de joyas, ofrendas y armas procedían a enterrarlo. Si se trataba de un personaje de importancia, un jefe por ejemplo, o un sacerdote, se le incineraba, guardándose sus cenizas dentro de una imagen de madera que representaba un antepasado, preparándose, a veces, un cráneo o parte de él para conservarlo en un altar votivo, frente al cual se hacían ofrendas durante las festividades religiosas.

El Imperio Azteca

Tras la caída de la civilización tolteca que había florecido principalmente en Tula entre los siglos X y XI, oleadas de inmigraciones inundaron la meseta central de México, alrededor del lago de Texcoco.

Debido a su tardía aparición en el lugar, los aztecas-mexicas se vieron obligados a ocupar la zona pantanosa situada al oeste del lago. Estaban rodeados por enemigos poderosos que les exigían tributos, y la única tierra seca que ocupaban eran los islotes del lago de Texcoco, rodeados de ciénagas.

El hecho de que, desde una base tan poco esperanzadora, los aztecas fueran capaces de consolidar un imperio poderoso en sólo dos siglos, se debió en parte a su creencia en una leyenda, según la cual fundarían una gran civilización en una zona pantanosa en la que vieran un nopal (cactus) sobre una roca y sobre él un águila devorando una serpiente.

Los sacerdotes afirmaron haber visto todo eso al llegar a esta zona; como reflejo de la continuidad de esa tradición, hoy en día esa imagen representa el símbolo oficial de México que aparece, entre otros, en los billetes y monedas.

Al aumentar en número, los aztecas establecieron organizaciones civiles y militares superiores. En 1325 fundaron la ciudad de Tenochtitlán (ubicada donde se encuentra la actual ciudad de México, capital del país). El centro de la ciudad fue erigido como sitio ceremonial. Entre los edificios más importantes, se encontraba las pirámides en honor de sus dioses, canchas de juego de pelota, residencias para sacerdotes y guerreros y altares para las ceremonias litúrgicas. Palacio real, casas para la nobleza y el mercado complementaban este barrio central. La gente común, en tanto, se agrupaba en los sectores que rodeaban la urbe.

Desde esta ciudad, el pueblo azteca inició una serie de campañas de conquista contra sus vecinos con el doble propósito de tomar prisioneros de guerra para los sacrificios y adquirir las tierras y productos que escaseaban en el lago. Convertidos en temibles guerreros, lograron ampliar sus territorios hasta los límites del actual México. La cultura azteca recogió todos los elementos que habían producido sus antecesores y formó con todo ello un amplio y homogéneo cuadro cultural.

Las autoridades

Encabezaba el gobierno el emperador, quien, según la leyenda, era el sucesor de los dioses. Este Tlacatecuhtli, jefe de los bravos, era elegido por un consejo integrado por la familia real. Sus atribuciones alcanzaban al mando supremo del ejército, dirección general de la administración y suprema autoridad judicial.

Para ayudarse en el ejercicio del poder, elegía al Cihuacóatl, auxiliar en funciones religiosas, administrativas y judiciales. Una tercera institución era el Tlatocan o Consejo Tribal, que cumplía funciones legislativas, judiciales y militares y especialmente de asesoría en casos particularmente graves para el pueblo.

Políticamente, el pueblo azteca consistía en una confederación de pueblos bajo la hegemonía de Tenochtitlán. La superioridad de la ciudad capital se basaba en su rol militar y religioso.

Los grupos sociales

La comunidad azteca se organizó en forma piramidal, aunque sin presentar las características de una sociedad de castas. Si bien es cierto que la mayoría de las más altas funciones estaban reservadas a miembros de la familia real, el resto era accesible a cualquier ciudadano que hubiera mostrado méritos y tuviese el prestigio suficiente como para ser elegido. Incluso existió un escalafón que aseguraba el ascenso a los cargos más altos y destacados.

En la cima estaba la nobleza, pilli, que formaba la corte real. Los nobles vivían en casas de dos pisos, podían tener más de una esposa y poseían tierras y esclavos para su servicio personal. Sus hijos tenían el privilegio de asistir a escuelas especiales, donde eran formados de acuerdo a sus propias aptitudes. La nobleza no era hereditaria, sino que debía adquirirse por méritos propios según la actividad de cada cual. En un nivel intermedio se encontraban los artesanos o mayeques. Su oficio era hereditario, lo que contribuyó poderosamente a producir un alto grado de desarrollo técnico.

Finalmente un tercer estrato estaba dado por los macehuales o gente común. Este nivel agrupaba a todos aquellos que, no habiendo podido destacarse en ninguna labor, se dedicaban al trabajo de las tierras. Algunos vivían en la más completa miseria, lo que los llevaba a venderse como esclavos a los pillis. Respecto a la esclavitud, tuvo como fuente principal las conquistas de guerra, aunque también se sancionaba con esta pena a los delincuentes y mujeres de vida indecorosa.

Sin embargo, la base de toda la estructura social estaba dada por el calpulli. En él se agrupaban todos los que gozaban de un antepasado común. El calpulli era el dueño de las tierras del linaje, las que eran repartidas anualmente entre las familias que la componían. Su jefe estaba encargado, además, de relacionar al calpulli con el emperador y presidía las ceremonias en honor de los antepasados familiares.

La organización social se caracterizó por su marcado clasismo y la absoluta preeminencia de los grupos militar, sacerdotal y comercial. La actividad militar, fundada en una sólida formación, constituyó la principal profesión de los aztecas. En ella se mezclaban elementos puramente bélicos con fines de tipo religioso.

La clase sacerdotal era numerosa pero vital para la vida del pueblo, ya que era la depositaria de la cultura. Entre sus actividades más significativas destacan la predicción del futuro, el desarrollo de las ciencias, la conservación de la historia, el cuidado de los enfermos y la conducción del calendario.

En una sociedad donde las funciones de los individuos estaban claramente determinadas, los comerciantes desempeñaban una multitud de ellas. Eran espías, militares, sacerdotes y propiamente comerciantes o pochtecas. Tenían su propio dios y los juicios se ventilaban en cortes ad hoc para ellos. Esta consideración especial surgió como consecuencia de su importancia política. Visitaban los más variados rincones del imperio, conocian las lenguas y costumbres de los diversos pueblos sometidos, poseían facilidad para camuflarse e infiltrarse entre ellos. De esta manera, les resultaba fácil enterarse de cuáles eran los sentimientos de estas gentes hacia el poder central. Delante del emperador cumplían una función particularmente importante, puesto que aconsejaban acerca de las regiones ricas que podían conquistarse y, en algunos casos, ellos mismos financiaban las campañas.

La economía

En la organización económica azteca coexistían el tipo de propiedad privada y el comunal. El sistema comunal estaba relacionado con la división de la población en los calpullis. Si la familia no cultivaba el terreno que le era asignado, era expulsada del calpulli.

Por otra parte, el sistema privado de propiedad fue una consecuencia de las conquistas militares, puesto que significó la incorporación de tierras que fueron repartidas entre los guerreros cuya participación en las campañas había sido destacada.

La base del sustento para la población azteca fue la agricultura y el cultivo de ciertos productos, en particular, el maíz, el ají y el frejol. Consumían, además, cantidades importantes de pescado y aves. Una de sus creaciones más significativas fue la chinampa, que hizo posible la transformación de un estéril lago en un verdadero vergel.

El mercado constituyó un verdadero enclave para el desarrollo de la economía. Visitado diariamente por miles de personas, era el núcleo de intercambio de las más variadas mercaderías. En él la semilla de cacao era usada como unidad monetaria. Cada producto tenía un sitio fijo para evitar la pérdida de tiempo de quien lo deseara adquirir. Las mercaderías que afluían a la capital en forma de tributos, se reunían con la producción artesanal en el mercado. Severas reglas fijaban el desarrollo de las transacciones. Jueces especiales vigilaban la exactitud de los pesos y medidas. Estaba prohibida la venta de cualquier producto fuera del recinto.

Asociadas al mercado estaban las rutas del comercio y tributo. A los pochtecas les correspondió el papel preponderante en la conservación y ampliación de la esfera de influencia imperial. Cada unidad importante fue sede de un mercado, siendo el más transcendente el de la ciudad de Tenochtitlan.

El mundo de sus creencias

El fundamento de sus creencias estuvo dado por el deseo de atraerse las potencias benefactoras de sus divinidades, al mismo tiempo que alejar todo lo que pudiera serles perjudicial. Para los aztecas, las fuerzas del bien estaban permanentemente en lucha con los espíritus del mal y el combate eterno las desgastaba al punto de requerir sangre humana para revitalizarse. Este drama se aplicaba especialmente al Sol, que debía trabar lucha diaria con las tinieblas.

Los sacerdotes, utilizando el cuchillo de sílex, abrían el pecho de las víctimas y les extraían el corazón. Sin embargo, existía también una serie de autosacrificios, por los cuales se punzaban la lengua, los labios y los lóbulos de las orejas.

La sangre derramada en estas muestras de fe cumplía el mismo objetivo que el sacrificio de una víctima. Dentro de la religión azteca, los sacrificios no constituían una ignominia, muy por el contrario, ya que el espíritu del sacrificado subía hasta el Sol, lo que era considerado un privilegio destacable.

La necesidad de mantener prisioneros para los sacrificios, originó un permanente estado bélico simbolizado en las guerras floridas. Estos enfrentamientos con pueblos con los cuales no se tenían conflictos aparentes, cumplían la única finalidad de conseguir víctimas para ofrecer a los dioses. Otras veces entregaban la decisión sobre quiénes serían ofrendados a las mismas divinidades. Este era el sentido del juego de pelota. En una cancha rectangular y con anillos verticales en sus paredes, se enfrentaban cinco jugadores por bando. El juego consistía en hacer pasar la pelota de caucho por uno de esos anillos, sin valerse de las manos. El capitán vencido era el señalado por la voluntad divina para el sacrificio.

Los aztecas creyeron en la existencia de una vida más allá de la muerte. Sin embargo, la suerte del alma no dependía de las acciones realizadas durante la vida sino de las circunstancias y causa s de muerte. De esta manera, sólo los muertos en el campo de batalla tenían el privilegio de ir a morar al lado del Sol y convertirse en sus acompañantes perpetuos.

El panteón azteca estaba compuesto por Ometeolt , quien encarnaba el principio creador. Por su parte, Huitzilopochtli (en la imagen), Tezcatlipoca y Quetzalcóatl eran considerados los creadores de la humanidad. El primero era el dios de la guerra y se lo identificaba con el Sol. El segundo representaba al dios maligno de la noche, y su alimento eran los corazones de los hombres. Finalmente Quetzalcóatl era el creador de los hombres y el benefactor de la humanidad. A estas divinidades fundamentales se les reunían una serie de deidades menores asociadas a dones como la fecundidad de la Naturaleza, a la lluvia o al fuego.

Las ceremonias se realizaban en los templos y básicamente consistían en procesiones y oraciones. Las ofrendas eran variadas, destacando entre ellas la de los sacrificados. El ritual consistía en despellejar doncellas, sacrificar niños o bien organizar holocaustos donde morían cientos de prisioneros delante de Huitzilopochtli.

Las creaciones culturales

La cultura azteca representa la culminación del desarrollo de todos los pueblos que la antecedieron. Su arquitectura de pirámides truncadas fue monumental. La pirámide del Sol constituye el máximo exponente de su arte constructivo.

La escultura fue un arte asociado a la arquitectura y contribuía a dar mayor realce a los imponentes edificios. Pintura cerámica y plumería son característicos por su gran belleza y esplendor.

Sin embargo, fue el calendario (en la imagen) lo que más destacó entre las creaciones aztecas. El destino de los hombres estaba rigurosamente señalado en él. Entre los aztecas, los augurios y horóscopos alcanzaron gran desarrollo. Al combinar el calendario civil y el religioso, podían determinar, entre otras cosas, el oficio más adecuado para la persona. Tal determinismo no podía menos que generar entre los aztecas un sentimiento permanente de inseguridad y angustia.

De este modo, a la llegada de Hernán Cortés, los aztecas no vieron otra cosa que el cumplimiento de la llegada de Quetzalcóatl (en la imagen), quien regresaba para gobernar a su pueblo. Los pueblos que habían estado cruelmente sometidos a ellos, encontraron en esto la ocasión propicia para la tan ansiada liberación. Encendida así la rebelión interna, un grupo de audaces aventureros no encontró problemas para tomar en sus manos el Imperio Azteca. Paradójicamente, política y religión fueron los sillares del imperio y ellos mismos determinaron el holocausto de su propia civilización.

Los incas

Los incas no eran un grupo étnico natural del Cuzco, región que después será su área central, se trataba de una población que emigró hacia el año 1100 d.C. , probablemente desde el Altiplano, hacia el valle de Cusco o Cuzco, donde durante casi trescientos años llevaron a cabo incursiones y alianzas con los pueblos de la zona.

Con el paso del tiempo se convirtieron en un grupo muy poderoso e importante, sin embargo permanecieron en la región hasta la invasión chanca y el gobierno de Pachacutec Inca Yupanqui, cuando empezaron a expandirse por otras regiones. Cuenta la leyenda que eran años en que gobernaba el Inca Viracocha, cuando aparecieron rodeando la ciudad del Cuzco los chancas, un pueblo muy belicoso de la sierra central, quienes atacaron y destruyeron la ciudad, tras de lo cual Viracocha huyó.

Frente a las ruinas del viejo templo solar, el Inticancha, el general Yupanqui imploró su ayuda al dios Sol, el cual convirtió a las piedras que rodeaban la ciudad en soldados (conocidos como pururaucas) y éstos derrotaron a los enemigos. La gente entonces aclamó a Yupanqui como su nuevo inca y éste asumió el cargo con el nombre de Pachacutec (‘el que transforma el mundo’).

Con el nuevo inca, el sector militar se vio fortalecido y la expansión adquirió importancia. Pachacutec conquistó la meseta del Collao, Arequipa, el valle del Mantaro, a los chinchas (icas), Lima, entre otros territorios, y organizó el Tahuantinsuyu. A Pachacutec le sucedió Túpac Inca Yupanqui, quien como auqui (‘príncipe heredero’) continuó la expansión por la costa y la sierra norte, dominando a los chachapoyas, los chimú y otros pueblos importantes hasta el actual territorio de Ecuador.

Posteriormente, ya como inca, se dirigió al sur, donde avanzó hasta el río Maule, punto que se convertirá en la frontera sur del Imperio. Este, no obstante, alcanzó su mayor extensión con el reinado (1493-1525) del hijo de Túpac, Huayna Cápac. Hacia 1525, el territorio bajo control inca se extendía por la zona más meridional de la actual Colombia, por Ecuador, Perú y Bolivia y por zonas de lo que hoy en día es el norte de Argentina y Chile, abarcando un área de más de 3.500 km de norte a sur, y de 805 km de este a oeste. Los investigadores estiman que esta inmensa región estuvo habitada por una población de entre 3,5 y 16 millones de personas de distintas culturas andinas.

La muerte de Huayna Cápac en 1525, antes de que pudiera designar a su sucesor, provocó la división del Imperio. Sus dos hijos, los hermanastros Huáscar y Atahualpa, aspiraban al trono.

La consiguiente y encarnizada lucha entre ambos, que finalizó en 1532 con la captura de Huáscar, debilitó seriamente al Imperio. En este crítico momento el conquistador español Francisco Pizarro desembarcó en la costa con una fuerza de unos 180 hombres dotados de armas de fuego. Pizarro, apoyado por distintos grupos de indígenas descontentos por la dominación inca, logró controlar el Imperio, altamente centralizado, haciendo prisionero a su jefe, Atahualpa.

Temeroso de que Pizarro pudiera ordenar su destitución en favor de Huáscar, Atahualpa dio la orden de ejecutar a su antiguo rival, lo que sería una de las causas de su propia condena en el proceso al que le sometieron los españoles un año después.

El 26 de julio de 1533, cuando todavía se estaba acumulando un enorme depósito de ornamentos de oro procedentes de todos los rincones del Imperio, Pizarro ejecutó al garrote a Atahualpa.

Ese mismo año, los españoles iniciaron su marcha a Cuzco. En Jauja (un punto intermedio) conocieron a Túpac Hualpa (Toparpa), quien se presentó como hijo de Huayna Cápac y legítimo heredero al cargo de inca, Pizarro lo nombró entonces como tal. Al llegar y ocupar Cuzco, recibieron la noticia de que Toparpa había sido asesinado, entonces Francisco Pizarro nombró a Manco Inca (Manco Cápac II) como nuevo soberano. Manco Inca se rebeló contra los españoles en 1536, cercó Lima y Cuzco por algunas semanas, hasta que finalmente fue derrotado en Sacsahuamán.

Tras la derrota huyó hacia el oriente, fundando un centro de resistencia conocido como Vilcabamba: por ello a él y a sus descendientes se les conoce como incas de Vilcabamba. Al morir Manco Inca, le sucedió en el trono su hijo Sayri Túpac, quien firmó la paz con el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, pero falleció en 1561, siendo reemplazado por Titu Cusi Yupanqui, que reinició las hostilidades; finalmente, en 1570, asumió el poder Túpac Amaru, quien fue derrotado y decapitado en 1572 por orden del virrey Francisco de Toledo.

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