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 :: Grecia

Desde el neolítico, la península griega está culturalmente ligada a las islas del Egeo y las costas occidentales de Asia Menor. Sus numerosos puertos naturales a lo largo de las costas y la gran cantidad de islas cercanas han contribuido al desarrollo de una civilización marítima homogénea. Pero su homogeneidad cultural no implicaba la política. Los sistemas montañosos y los profundos valles dividieron la península en pequeñas unidades políticas y económicas, ligeramente mayores en extensión que una ciudad y su territorio circundante.

La civilización griega es una de las más importantes en la historia de la humanidad. Si bien no lograron crear un país unificado, ya sea por su situación geográfica o por su sentido de la independencia, desarrollaron una cultura extraordinaria, dejándonos un legado perdurable que percibimos a diario en el mundo que nos rodea.

Los efectos de la geografía

La Grecia antigua comenzó su existencia en la parte sur de la Península de los Balcanes (Europa). En general era un territorio montañoso, bastante pobre y de una aridez impresionante, aunque entre los cerros existían valles, lugares que los habitantes escogían para instalarse. Esto, más las accidentadas costas de las que estaba provisto, hicieron de los griegos buenos navegantes.

La vida de estas comunidades debió ser muy difícil, pero no se dejaron vencer por las desventajas de esta loca geografía y se dedicaron al comercio, a la guerra y en gran parte a la navegación. Gracias a esta última aprendieron muchas cosas de los navegantes con que mantenían contactos, pasando a ser un puente entre Oriente y Occidente. En definitiva, Grecia es la cuna de todas las civilizaciones occidentales posteriores.

Para poder comprender mejor la historia de este pueblo, tenemos que mencionar varias regiones geográficas de la Península de los Balcanes, donde se asentaron ciudades que en el pasado vieron el auge de la civilización griega.

Una de ellas es Grecia del Norte, donde se encuentran las regiones de Epiro y Tesalia; Grecia Central, donde están ubicadas Beocia y su capital Tebas, y Ática con la ciudad de Atenas; el Peloponeso, una península de la zona sur que tenía como región principal Laconia y su capital Esparta.

Pioneros de la civilización

Los primeros habitantes de la cuenca del Mar Egeo fueron pueblos que venían del Asia Menor y que se asentaron en la isla de Creta en el año 3.000 a.C. Este lugar estuvo habitado por pequeñas comunidades denominadas pelasgos , pero no es mucho lo que se conoce de ellos hasta hoy. Sin embargo, se cree que estos eran más avanzados que el resto de los pueblos primitivos que vivían en el continente y se les llamó civilización cretense o minoica, palabra que se rescató de Minos, el rey mitológico que tuvo la isla de Creta.

Entre los siglos XIV y XIII a.C. Grecia sufrió la invasión de los aqueos, un pueblo proveniente de la Europa Central que prácticamente arrasó con la civilización minoica. Si bien destruyeron todo lo que encontraron a su paso, tiempo después se dieron cuenta de que los pelasgos eran un pueblo bastante avanzado y adoptaron su civilización superior, fundando aldeas y ciudades, siendo Micenas la ciudad más importante.

Es precisamente aquí donde surge la civilización micénica, que debió su riqueza a la ubicación en la montaña, ya que dominaba el camino más corto entre el golfo de Argólide y el de Corinto, el que muchos comerciantes usaban, pagando a los micénicos derechos de pasaje. Los aqueos se caracterizaron por ser buenos guerreros y muy buenos navegantes. Además, desarrollaron la agricultura y el pastoreo, al igual que la artesanía.

La sociedad micénica tenía su base en la familia patriarcal, integradas por personas de una misma descendencia y gobernada por el varón de mayor edad. La gran mayoría de las mujeres de esta sociedad eran de otras estirpes, como con frecuencia sucede en los pueblos invasores, lo que determinó el aspecto sincrético de su cultura.

La Edad Micénica duró aproximadamente 300 años (1.400 a 1.100 a.C.). Según muchos poetas, tuvieron reyes poderosos, lo que convirtió a esta época en un período heroico en el que grandes hombres realizaron numerosas hazañas.

Hacia el siglo XI a.C. Grecia fue nuevamente invadida. Esta vez fueron los dorio, una tribu que provenía de las regiones de Macedonia, Tracia y Epiro, y que conquistó prácticamente toda la península. Sin embargo, se establecieron en la Dóride, Argólida y Laconia. Otros invasores fueron los jonios, que habitaron Atenas, y los eolios, en la ciudad de Tebas.

Con la invasión doria finaliza el mundo micénico, y Grecia entra en una fase de decadencia que se prolonga hasta el año 776 a.C., período que recibió el nombre de Medievo helénico. Es aquí donde estos tres pueblos invasores se unen, recibiendo el nombre de pueblo helénico.

La Guerra de Troya

Esta guerra llegó a nuestros oídos gracias a Homero quien vivió con anterioridad al año 700 a.C. y escribió el poema épico La Ilíada, donde narró todos los detalles y vivencias de este conflicto entre las ciudades de Micenas y Troya.

Se cree que la región asiática del Mar Negro era dominada por los troyanos, lo que les permitió obtener mucha riqueza cobrando peaje a cada uno de los comerciantes que por ahí pasaba.

A raíz de esto, los aqueos decidieron apoderarse de este lugar y atacaron Troya con un gran ejército liderado por Agamenón, rey de Micenas. Finalmente, y después de diez años, Troya quedó totalmente destruida. Según la versión poética de Homero, la guerra de Troya estalló cuando el príncipe troyano Paris se llevó a su tierra a Helena, la esposa del rey Menelao, hermano de Agamenón.

Troya dominaba el estrecho de los Dardanelos, que comunica el Mediterráneo con el Mar Negro, y además las costas del Asia Menor, lo que la hacía gozar de un monopolio comercial. Cada vez más, el mundo micénico se abría al comercio, por lo que Troya era un obstáculo para los micénicos que, ante tan poderosos argumentos comerciales, se unieron bajo el mando de Agamenón para destruir Troya.

Pero al margen de esto, Menelao, para vengarse de Paris y recuperar a su mujer, formó un poderoso ejército al mando de su hermano, que terminó por dejar solo ruinas de esta antigua ciudad. Según la mitología, los griegos vencieron gracias a un ingenioso truco: construyeron un gran caballo de madera y lo dejaron en las afueras de la ciudad. La curiosidad de los troyanos hizo que el caballo fuera arrastrado al interior de Troya, pensando que el ejército griego se había retirado.

Pero lo que no sabían era que dentro del caballo estaban escondidos los soldados griegos, quienes saltaron desde el interior atacando a todos los troyanos y destruyendo totalmente la ciudad de Troya.

El centro político

Durante mucho tiempo la vida en Grecia estuvo dominada por los clanes, agrupaciones de familias poderosas con un antepasado mítico. Pero muy pronto los griegos comienzan a organizarse en polis o ciudades-estado, que eran unidades políticas soberanas. Si bien cada comunidad era vecina, eran totalmente independientes y gobernadas por un rey asesorado por un consejo de nobles. Esta idea surgió luego de la destrucción de los reinos micénicos por invasiones extranjeras, por lo que se crearon estas ciudades-estado. Estas constaban de un centro fortificado, una ciudad residencial y comercial a los pies de este, y un territorio rural que rodeaba a la ciudad y que servía para la ganadería y la agricultura, donde ocasionalmente se levantaban pequeñas aldeas.

Dentro de cada polis se diferenciaban diversos grupos. Por un lado estaban el rey y los nobles, que controlaban la tierra y el ganado y formaban parte del Consejo. Por otro, el pueblo, compuesto por campesinos y artesanos, que era representado en la asamblea encargada de ratificar las decisiones del Consejo. y finalmente los siervos y esclavos, que no formaban parte de la vida política. Sin embargo, a pesar de esta prolija organización, solo Atenas y Esparta lograron expandirse y dominar amplias regiones, llegando a ser las grandes potencias del mundo griego.

Lo relativo a la estructura de estas ciudades y su sistema de gobierno se denominó política, palabra que utilizamos en la actualidad y que proviene del término polis, que significa “ciudadý. Los integrantes de cada polis se reunían frecuentemente a discutir ciertos temas relacionados con la libertad, muy importante para ellos, y a tomar decisiones sobre la administración de la ciudad o cambiar al gobernante si no cumplía con sus obligaciones. El magistrado al que se confiaba el gobierno recibía el nombre de arkhos, que deriva de la palabra “gobernar”. De ella deriva la palabra castellana arconte.

Grecia se expande

La población griega fue multiplicándose con el tiempo, y la escasez de tierras fértiles no proporcionaba la cantidad de alimentos necesarios para vivir. Los gobernantes comenzaron a enviar grupos colonizadores a territorios de todo el Mediterráneo, donde fundaron ciudades y difundieron su cultura.

Comenzaron ocupando las costas del Asia Menor, dando origen a la cultura jónica, de la cual surgen varios sabios y filósofos, como Pitágoras, Tales de Milet, Heráclito y Demócrito; poetas como Hesíodo y Anacreont, y el historiador Heródoto.

Pero esta expansión no llegó hasta aquí. El pueblo griego continuó su camino hacia otras latitudes, fundando ciudades desde España hasta Rusia.

Los motivos que tuvieron para llevar a cabo la colonización fueron más que nada económicos, sociales y políticos. Sin embargo, esto tuvo consecuencias, ya que las ciudades griegas pasaron de una vida dedicada a la agricultura de subsistencia a un auge comercial, con gran cantidad de importaciones de puntos como Sicilia o el Mar Egeo. Iniciaron la fabricación de cosas para exportar, lo que los llevó a enriquecerse rápidamente, pero también a endeudarse y convertirse en esclavos.

Es en esta época cuando aparecen los tirano, que a diferencia de lo que hoy pensamos de ellos, eran personas comunes, incluso muy buenas, pero que no heredaban el poder sino que lo ejercían sin derecho sobre alguna ciudad. Además, por lo general trataban de beneficiar los intereses del pueblo, favorecer a los pequeños propietarios, artesanos y comerciantes. A pesar de su inestabilidad, las tiranías lograron superar a las aristocracias, favoreciendo el crecimiento de un poder público y dando paso a la democracia, que se instauró por primera vez en Atenas a comienzos del siglo VI.

Esparta: de alma guerrera

Esparta fue originalmente una ciudad aquea del interior, es decir, no costera. En la Era Micénica tuvo mucha importancia, pero luego cayó en un largo período de oscuridad al ser tomada por los dorios. Entre 1100 y 800 a.C. se levantó y llegó a ser la soberana dentro de la región de Laconia.

En esta ciudad, los únicos ciudadanos con derecho eran los dorios conquistadores, que tomaron el nombre de espartanos. Exentos de las tareas agrícolas se dedicaban al gobierno, a la caza y al entrenamiento militar y deportivo. El comercio quedaba a cargo de los periecos, hombres libres pero sin poder político.

La gran mayoría de la población eran los ilotas o esclavos, tratados cruelmente y carentes de derechos. De hecho, una vez al año se les golpeaba en forma brutal sin causa aparente, y cuando se consideraba que habían crecido mucho en cantidad, los asesinaban durante la noche, acto que recibió el nombre de criptia. En la cúspide del gobierno de Esparta habían dos reyes (diarquía), con funciones militares y religiosas.

Pero el poder real estaba en manos de un Senado de 28 ancianos ilustres (todos mayores de 60 años), llamado gerusía. Esparta era básicamente una ciudad guerrera, siempre lista para combatir. Los niños eran el blanco de la preparación militar, y al nacer, si no eran sanos, se les abandonaba y dejaba morir. A los siete años los separaban de su madre y se les daba crianza en cuarteles, enseñándoles a sobrevivir en medio de la nada y sin alimentos. Al llegar a la edad adulta se convertían en las “murallas de Esparta”, ya que la ciudad carecía de fortificaciones

En cuanto a la mujer, podemos decir que su principal misión era dar al Estado hijos sanos y fuertes. Esparta, luego de la Guerra del Peloponeso, se convirtió en la potencia dominante en Grecia; pero también proyectó un tipo de vida cruel y hostil.

Atenas: época de cambios

Esta ciudad logró sobrevivir a la invasión dórica y lentamente fue construyendo lo que la antigüedad conocería como Atenas. Como otras ciudades de la antigua Grecia, cambió la monarquía por una oligarquía, compuesta en este caso por nobles ( eupátridas o bien nacidos), que anualmente elegían a magistrados llamados arcontes. Sin embargo, esto no duró mucho tiempo, pues su gobierno fue brutal; en Atenas floreció la actividad comercial, lo que llevó a los ciudadanos a protestar en contra de la política que se estaba utilizando, y a exigir leyes escritas que regularan la vida en sociedad.

El primero que se estableció fue el código de leyes atribuido a un legislador semilegendario llamado Dracón, caracterizado por ser muy estricto con el pueblo y muy liviano con los oligarcas. La pena de muerte se aplicaba a delitos casi sin importancia o muy pequeños, como robarse un repollo.

De ahí surge el término draconiano para describir a una persona o legislación cruel e inhumana. Sin embargo, al ser un código escrito, podía sufrir modificaciones, lo que hizo Solón aboliendo la esclavitud por deudas, creando tribunales integrados por ciudadanos comunes y no con nobles, y estimulando la inmigración de artesanos calificados.

Esta reforma no fue bien recibida por toda la aristocracia ateniense. Los nobles, encabezados por Pisístrato, respondieron a esta situación tomando el poder por la fuerza, convirtiéndose este en tirano en el año 561 a.C. Pero debemos decir que de tirano no tenía mucho, ya que no fue capaz de deshacer las reformas de Solón e incluso fue bastante blando en sus normas para con el pueblo. Luego de ser sucedido en el poder por sus dos hijos, llegó a la cabeza un noble llamado Clístenes, de orientación democrática, que incorporó a las clases más pobres al poder. Pero lo que Grecia no se imaginaba era que en poco tiempo enfrentarían una guerra con los persas.

De Grecia a las Olimpiadas

Los griegos eran muy buenos deportistas, lo que se veía reflejado en todas las actividades que realizaban. Cada cuatro años organizaban competencias deportivas, llamadas Juegos Olímpicos porque se celebraban en la ciudad de Olimpia, donde hasta el odio y el rencor eran olvidados. También se les daba un carácter religioso, y en vez de premiar con medallas de oro, plata y bronce, se les otorgaban ramas de olivo, el árbol sagrado de la diosa Atenea. Estos juegos se realizaban en honor a Zeus. Los primeros Juegos Olímpicos de la antigüedad se iniciaron el año 776 a.C., celebrándose hasta el siglo IV d.C. Su renacimiento moderno comenzó en 1896, cuando fueron organizados por Atenas.

La nube persa

Las Guerras Médicas son llamadas así porque en ellas se enfrentó Grecia con los medos y los persas, que se habían apoderado de las colonias griegas del Asia Menor.

Para entender mejor este conflicto, podemos dividirlo en tres períodos: período de Darío, período de Jerjes y período de la confederación de Delfos. Durante la primera etapa, los persas, bajo el mando de Darío que en el año 512 a.C. volvieron sus ojos sobre Tracia y la dominaron, cayendo con ella varios territorios y ciudades griegas. Los jonios, bajo dominio persa, se rebelaron y expulsaron a los tiranos. Además, pidieron ayuda a Esparta y Atenas, aunque esta última fue quien se lo concedió.

Dos años después, Darío, enfurecido con esta situación, les exigió a las ciudades griegas que se sometieran a los persas, lo que algunas de ellas aceptaron por temor. Sin embargo, Atenas y Esparta lograron sublevarse, y el 12 de septiembre de 490 a.C. el ejército ateniense, a cargo de Milcíades el Joven, se lanzó contra los persas en la llanura de Maratón, y los venció. Aquel día, Atenas salvó a Grecia.

Darío murió cinco años después y lo sucedió su hijo Jerjes, quien no solo quiso castigar a los atenienses, sino también echar abajo todo su poderío, para lo que preparó una gran expedición. Mientras tanto, los griegos consultaban al oráculo de Delfos, quien les dijo que “solo la muralla de madera quedaría sin conquistar”. Fue así como un noble ateniense llamado Arístides propuso construir un gran muro de madera en torno a la acrópolis. Pero Temístocles, otro noble demócrata, dijo que la muralla de madera era una metáfora para hablar de los barcos de madera de una flota. Se hizo una votación y ganó este último, lo que trajo como consecuencia el exilio de Arístides.

En el año 480 a.C., Jerjes inició su marcha hacia Grecia. Los griegos sabían que solo podrían vencerlo en un lugar estrecho, por lo que eligieron el paso de las Termópilas, a 160 kilómetros de Atenas, y que en esa época no tenía más de 15 metros de ancho. Fue ahí donde se enfrentaron los ejércitos persas y griegos, este último al mando del rey de Esparta, Leónidas. Pero fue traicionado por un pastor, que mostró a los persas un camino oculto para atacarlos por la espalda. Sin embargo, Leónidas no quiso rendirse y se quedó defendiendo el paso junto a 300 espartanos, quienes murieron por Grecia.

Los griegos de la ciudad comenzaron a huir a las islas cercanas, y los barcos de la flota construida por Temístocles se trasladaron cerca de la isla de Salamina. Los persas entraron en Atenas y la quemaron completamente.

Como dijo el oráculo, solo la muralla de madera, es decir, la flota, sobreviviría. Frente a la isla de Salamina, esta se enfrentó a los barcos persas. Sin embargo, como el lugar era muy angosto, los persas no pudieron desplegar completamente su flota, lo que llevó a un triunfo indiscutible de los griegos. Jerjes, cansado de todo este conflicto, volvió a Persia y nunca más volvió su odio contra los griegos.

Las Guerras Médicas volvieron a Atenas y Esparta las ciudades más poderosas de Grecia. Pero Esparta miraba con recelo a su rival, ya que Atenas se había dedicado a las conquistas marítimas y a proteger a las ciudades del Asia Menor. Atenas formó la Confederación de Delfos con las principales ciudades jónicas, a la cual cada ciudad debía facilitar hombres, dinero y barcos. Si bien la flota podía proteger a muchas ciudades, no lo podía hacer lo mismo con Atenas, por lo que Temístocles la mandó amurallar, provocando inquietud entre los espartanos.

El Siglo de Oro

Atenas, destruida durante las Guerras Médicas y victoriosa en la batalla naval de Salamina, ganó un considerable prestigio. Con los recursos que les producía el comercio, los ateniense se dedicaron a reconstruir y embellecer su ciudad bajo la dirección de Pericles, quien gobernó a partir del año 460 a.C. El gran auge cultural y económico del que gozó Atenas en esa época es considerado el período más esplendoroso de la historia griega, llamado por lo mismo Siglo de Oro de Pericles.

Pericles era un gran demócrata, que se preocupó de que sus ciudadanos fueran todos iguales ante la ley. Esto excluía a extranjeros y esclavos, ya que no eran considerados ciudadanos. Sin embargo, la voz del pueblo era muy importante para Pericles, por lo que se podían expresar fundamentalmente a través de tres instancias: el Consejo o Bulé, la Asamblea Popular y la Magistratura.

El siglo de Pericles se caracterizó por la confianza en la capacidad del pueblo ateniense para dirigir todo tipo de asuntos de Estado. Sin embargo, esa confianza terminó por traicionarlos, y los intereses de los hombres se antepusieron a los de la comunidad, decayendo así la democracia.

La Guerra del Peloponeso

Como ya dijimos, luego de la victoria de Salamina Atenas se engrandeció, alcanzando prestigio y poderío. Esto se tradujo en una fuerte rivalidad con Esparta, que creó la Liga del Peloponeso, temerosa de ser dominada por Atenas. Esto provocó una gran guerra entre ambas, conocida como la Guerra del Peloponeso, que se extendió desde el 431 a.C. hasta el 404 a.C., con pequeños períodos de paz. En ella participó toda Grecia, aliándose las ciudades con una u otra de las partes.

Apoyado por los persas, Esparta venció a Atenas, lo que trajo como consecuencia la decadencia de la Antigua Grecia. Sin embargo, poco les duró el sabor a triunfo a los espartanos: en breve tiempo perdieron su supremacía; Atenas logró rehacerse con rapidez, y la ciudad de Tebas comenzó un breve período de auge bajo sus grandes generales Pelópidas y Epaminondas; pero todas fueron opacadas por las conquistas posteriores de Filipo II de Macedonia, que culminaron con la derrota de los griegos. La decadencia griega permitió al hijo de Filipo II, Alejandro Magno, expandir la cultura griega por todo el mundo.

La grandeza de Alejandro Magno

Cuando Filipo murió, Alejandro tenía apenas 22 años, pero esto no fue obstáculo para que heredara un reino, un ejército y una tradición militar, además de una educación a cargo de uno de los pensadores más grandes de todos los tiempos: Aristóteles.

En esta época, Atenas y Esparta estaban muy debilitadas, al contrario de Macedonia, que estaba adquiriendo gran poder. Por lo mismo, Alejandro quería vencer a toda costa a los persas y debilitar su poder en Grecia. Con un ejército compuesto por más de 40 mil soldados, logró dar la pelea y triunfar sobre Persia, conquistando Asia Menor y Egipto, que estaban en poder de estos, lo que lo convirtió en el gran libertador.

Es precisamente en Egipto donde funda la más famosa ciudad del mundo antiguo: el puerto de Alejandría, famoso por una gran biblioteca compuesta por 700 mil libros.

Tras la conquista de Mesopotamia y luego de penetrar en la India, donde sus hombres se niegan a seguir adelante, se dedicó a reorganizar su gobierno. Se preocupó de mezclar a griegos con bárbaros, ordenando una ceremonia masiva donde soldados griegos y macedonios se casaran con mujeres asiáticas. En el año 324 a.C. murió su mejor amigo, Hefestión, lo que lo sumió en la más amarga melancolía. Un año después murió producto de una corta y extraña enfermedad.

Decadencia de un reino

Cuando Alejandro falleció, no había nadie que pudiera sucederlo en el trono. Antes de morir dijo que el poder lo heredaría el más fuerte, pero en su familia no había nadie que tuviese las condiciones para hacerlo. Solo estaban sus generales, que a estas alturas estaban repartidos por toda la extensión del imperio conquistado. Estos, que eran 34, querían a toda costa llegar al poder, lo que los llevó a enfrentarse durante mucho tiempo. Como consecuencia, se formaron tres grandes reinos, encabezados por generales de Alejandro: el de Egipto, con la dinastía de los Ptolomeos; el de Siria, donde reinó la dinastía de los Seleucidas; y el de Macedonia, con la dinastía de Casandro

La mezcla que se produjo, de elementos helénicos, macedónicos y orientales, dio como resultado lo que hoy llamamos cultura helenística, aunque prevaleció la de los helenos por sobre las otras. Las ciudades de Antioquía, Pérgamo y Alejandría se transforman en los centros más importantes de desarrollo cultural helenístico. Se construyen museos, bibliotecas, teatros y academias visitados por los pensadores más importantes del mundo antiguo, como Euclides y Arquímedes.

La cultura griega era distinta a la que la civilización helenística estaba viviendo. La primera se caracterizó por ser sobria y moderada, y todo el pueblo participaba de ella; la cultura helenística, en cambio, era lujosa y soberbia, y estaba disponible solo para los más ricos.

De todos los reinos helenísticos, Egipto fue el que más sobresalió. Un general de Alejandro llamado Tolomeo y sus descendientes gobernaron en él durante tres siglos, preocupándose por la cultura. Su último monarca notable no fue un hombre, sino una mujer que más tarde daría mucho que hablar: Cleopatra. Seguramente pensarás que era egipcia, pero realmente era macedónica y su nombre, de origen griego, quería decir “padre famoso”. Su padre fue Tolomeo XI.

Después de la época de Cleopatra, los reinos helenísticos fueron conquistados por Roma, absorbiendo toda la cultura griega. De aquí en adelante comienza la cultura greco-romana.

Conocimiento griego

Juramento de Hipócrates

Cuando se reciben, los estudiantes de medicina deben prestar un juramento llamado Juramento de Hipócrates, que entre otras cosas dice: “Ni aún ante un pedido insistente proporcionaré a ninguna persona un remedio mortal, ni daré a persona alguna tal consejo...”. Hipócrates es considerado el padre de la medicina. Su filosofía consistió en una visión puramente natural de las enfermedades y en el rechazo de las interpretaciones mágicas y religiosas que predominaban en su época.

El arte que trasciende

Una de las características más importantes del arte griego fueron sus columnas arquitectónicas , ya que todos los monumentos de este pueblo están sostenidos o decorados por ellas. Las había de tres órdenes: dórica, jónica y corintia. La dórica , la más antigua, no tiene base; su fuste (parte entre la base y el capitel) es macizo y acanalado, y su capitel (parte superior) es sencillamente un tablero de piedra. La jónica reposa en un asiento llamado basa ; el capitel está adornado con dos volutas o adornos en espiral con forma de cuernos de carnero. La corintia, posterior a las citadas, tiene un capitel más adornado, que representa un ramillete de hojas de acanto

Por lo general los templos tenían en su interior una cámara con la imagen de la divinidad a la que estaban consagrados, y otra donde se depositaban ofrendas y tesoros. En el frontis se levantaba un pórtico que siempre iba rodeado de columnas.

En cuanto a la escultura, los griegos se preocupaban mucho del cuerpo humano, que debía ser sano y bien constituido para ser hermoso. Básicamente, esculpían modelos naturales, pero muchas veces improvisaban. Pero sin duda su mayor característica era la idealización del cuerpo y los rostros. Si bien en un principio las figuras eran muy rígidas, con el tiempo los griegos impusieron el dinamismo, que le daba mayor credibilidad a los cuerpos en movimiento.

En general, el arte griego era de una belleza inigualable. Pero fue Atenas la ciudad que rompió con todos los cánones de hermosura. La parte más alta, llamada Acrópolis, que había servido como refugio en los primeros tiempos, se convirtió en el verdadero centro espiritual de la ciudad. Su construcción más importante fue el Partenón , templo levantado en honor de la diosa Atenea. Su construcción, en la que se utilizó mármol blanco, duró 15 años. En su interior había una gran estatua de Atenea creada por un escultor llamado Fidias. Otro de los edificios destacados de esta época es el Erecteon , levantado en honor a Erecteo, un héroe legendario de Atenas.

Teatro al aire libre

En la ciudad de Atenas se celebraba año a año un festival de teatro en honor a Dionisos, dios de la alegría o dios del vino. Esta era una gran fiesta a nivel de comunidad. Se dejaba de trabajar, se paraba el comercio e incluso las cárceles quedaban vacías. Temprano en la mañana todos se dirigían a él y pasaban todo el día allí, no solo por entretención, sino porque el teatro tenía una función educativa.

Por lo general los teatros eran abiertos, y allí la tragedia (obra dramática seria) alcanzó sus más notables cumbres con tres importantes autores: Esquilo, Sófocles y Eurípides. En la comedia predominó la figura de Aristófanes.

Los años posteriores

Como dijimos, la herencia griega pasó a manos de los romanos, quienes se encargaron de extenderla a las épocas que vinieron. En el siglo V, la parte oriental del Imperio Romano (Imperio Bizantino) fue una entidad independiente, de cultura, lengua y tradición griegas.

Tras la caída de este imperio en manos de los turcos otomanos en 1453, los sabios de Bizancio contribuyeron al Renacimiento con el aporte del pensamiento griego clásico y la tradición jurídica romana. El 25 de marzo de 1821 se inicia el movimiento independentista en el Peloponeso, la antigua patria griega, que duró hasta 1829, año en que se reconoce formalmente la independencia de Grecia.

Hoy en día la República Helénica, nombre oficial de Grecia, es un país europeo situado al sur de la península de los Balcanes. Su superficie de 131.957 km2 e incluye numerosas islas en los mares Jónico y Egeo, limitando con Turquía, Bulgaria, Yugoslavia y Albania.



Fuentes y Referentes de Consulta:
Enciclopedia Escolar Icarito
Enciclopedia Microsoft Encarta




 





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