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La poesía puede considerarse como una de las artes más antiguas y difundidas. Originalmente unida a la música en la canción, se fue independizando y el ritmo propiamente musical fue sustituido por el ritmo lingüístico.
A veces llamamos a un poema poesía. Esto está bien, pero es conveniente saber que la palabra poesía se asocia también a cualquier manifestación, artística o no, que posea belleza, y que transmita la expresión de un mundo interior.
De este modo, podemos encontrar poesía en una película, en una novela o en una fotografía. Una hermosa lección acerca de esto, la da el poeta Gustavo Adolfo Bécquer en una de sus rimas. |
Rima IV (Fragmentos)
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira:
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía. Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista; mientras la humanidad, siempre avanzando,
no sepa dónde camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía! Mientras sintamos que se alegra el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Ciertos avances tecnológicos como el ordenador pueden modificar formalmente la poesía, pero no su importancia, porque, como cualquier otro arte, sobresale por su capacidad de adaptación a los nuevos recursos y a las nuevas necesidades. La poesía, por otra parte, no es exclusivamente un fenómeno libresco. Acciones poéticas o performances, recitales públicos, combinación de poesía e imagen en muchas experiencias de vídeo, hablan a las claras de su vitalidad y tal vez de un impulso ligado también a sus orígenes: el de convertir la palabra en un rito compartido.
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