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Cuando la captura de un animal o la recolección de un vegetal supera a su tasa de reproducción, las poblaciones de la especie comienzan a declinar y con el tiempo pasa a estar en riesgo de extinción . Esto sucede con las grandes ballenas y con recursos chilenos como el loco, el erizo rojo, el pulpo o el cochachuyo, entre muchos otros. Incluso hay especies que han desaparecido debido a la denominada sobrepesca.
Muchas unidades de la flota pesquera son verdaderas fábricas flotantes. Manejan artes de vastísimas proporciones: palangres de 130 kilómetros de longitud sumergidos con miles de anzuelos cebados, redes de arrastre en forma de saco con capacidad para tragarse el equivalente a 12 aviones de la clase jumbo, y redes de deriva de 65 kilómetros de largo, empleadas todavía por algunos países. La presión que ejerce la pesca industrial es tan intensa, que cada año se extrae del 80 al 90 por ciento de los peces de algunas poblaciones. |
Anualmente se capturan alrededor de la mitad de las 20.000 especies conocidas de peces, pero solo 22 de ellas son cazadas en grandes cantidades. La mitad de la captura está compuesta únicamente por cinco grupos de especies: arenques, bacalaos, carángidos, salmones y caballas.
Se estima que las flotas pesqueras del mundo no deben capturar más de 100 millones de toneladas al año de estas especies más cotizadas sin reducir sus poblaciones a niveles críticos. Todos los bancos de peces del nordeste del Atlántico ya han sido sobreexplotados.
Otra medida de conservación es el cuidado en cautiverio. En acuarios con personal especializado se trata a animales enfermos (heridos, bañados en petróleo) que tras su recuperación son devueltas al mar. Lamentablemente, la incidencia de este cuidado con relación al total de animales afectados es mínima.
Por otra parte, el cultivo de ciertas especies, como salmones y moluscos, ha disminuido la presión de captura que amenaza estos recursos. |
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La FAO, que hasta finales de la década de 1980 fomentaba la expansión de la pesca industrial, ha decidido recientemente que se debe reducir el ritmo de capturas cuando el entorno marino se vea amenazado.
En la actualidad, el uso de redes de deriva (que pueden llegar a medir hasta 75 km de largo) está prohibido en algunos países porque también capturan especies no aptas para el consumo humano, o en vías de extinción.
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