Anfibios y reptiles

Anfibio, nombre común de cualquier miembro de una de las clases de vertebrados que, en la escala evolutiva, se encuentra entre los peces y los reptiles. Cuando emergieron de los océanos, hace casi 400 millones de años, los anfibios se convirtieron en los primeros vertebrados (animales con espina dorsal) terrestres.

La clase, que contiene unas 4.000 especies existentes, abarca tres órdenes de anfibios vivos: los anfibios con cola, formados por las salamandras (también los tritones) y las sirenas; los anfibios sin cola, entre los que se encuentran los sapos y las ranas; y las cecilias, anfibios similares a gusanos, carentes de extremidades y ciegos.

Debido a sus cuerpos esbeltos y largas colas, es fácil confundir a algunos anfibios, como las salamandras, con los lagartos y otros reptiles. No obstante, al contrario que los reptiles, los anfibios carecen de escamas y tienen que permanecer en las inmediaciones del agua para sobrevivir.

Características generales

Los representantes más conocidos de los anfibios son las ranas y los sapos. Se clasifican en tres Órdenes: ápodos, que no tienen patas y al que pertenecen las cecilia; urodelos, que incluye salamandras, tritones, proteos y sirenas; y los anuros, donde están los sapos y las ranas.

Poseen cuatro patas, aunque muchos han perdido algunas a lo largo de su evolución. Su esqueleto es bastante sencillo, al igual que el sistema digestivo. La mayoría come insectos, cazados gracias a una lengua pegajosa que proyectan hacia afuera.

La piel

La piel de los anfibios no tiene más recubrimiento que su propia dermis, salvo en los anfibios sin extremidades, como los ápodos. Al tocarlos, lo único que se siente es una textura muy fina y húmeda; esto es muy importante, ya que desarrollan su respiración cutánea a través de ella.

Pero también hay algunos que poseen glándulas venenosas parecidas a verrugas, que perjudican a otros animales y les sirven de defensa ante eventuales depredadores. Ciertas especies tienen dos de estas verrugas en la cabeza, conocidas como glándulas paratoideas.

Muchas veces la piel de los anfibios pasa por cambios o mudas, siendo su color muy variable. Puede ir desde el verde con distintos matices, hasta el rojo, pasando por el amarillo, blanco o anaranjado, entre otros.

La piel de algunos anfibios tropicales (como los del Género dendrobates) produce secreciones muy venenosas, las que son recolectadas por los aborígenes para confeccionar el curare, uno de los venenos más letales del mundo, utilizado para untar la punta de sus flechas.

Aparato locomotor

La adaptación a la vida terrestre hizo que los anfibios desarrollaran extremidades con dedos, cuatro de ellos en las anteriores y cinco en las posteriores. Además, este cambio impuso ciertas modificaciones de la columna vertebral, dentro de las cuales la más importante es el refuerzo de la pelvis y la aparición de una vértebra especial en el cuello, el atlas, que ayuda a la movilidad de la cabeza del anfibio. Ante la necesidad de desplazarse en tierra, a lo que no estaban muy acostumbrados, sus extremidades comenzaron a desarrollar fuertes músculos.

Sistema nervioso y órganos de los sentidos

Los ojos de los anfibios se encuentran a ambos lados de la cabeza, aunque su campo de visión no es muy amplio. La pupila se dilata fácilmente, y en algunos anfibios tiene forma de franja vertical, mientras en otros puede presentar una forma circular o como un corazón.

Tras los ojos se encuentran los tímpanos, que cierran las aberturas externas de los oídos, donde se captan las vibraciones sonoras a las que se expone el animal. El olfato, en cambio, se relaciona con dos sacos ubicados tras las narinas (aperturas externas del aparato respiratorio) y se denomina órgano de Jacobson, muy desarrollado en las salamandras.

Evolución

Los anfibios parecen haber evolucionado a partir de peces de aletas lobuladas a comienzos del devónico. Es probable que durante los periodos de sequía estos animales salieron arrastrándose de estanques casi desecados y con el tiempo se volvieron menos dependientes del agua. Los anfibios prosperaron durante el carbonífero, pero muchos de ellos se habían extinguido antes de que aparecieran los anfibios modernos, en el mesozoico.

Aún existe una gran variedad de anfibios, pero cuentan con menos especies que cualquier otra clase de vertebrados terrestres. Amenazados principalmente por la destrucción de sus hábitats debido a la presencia humana, el número de anfibios sigue disminuyendo.

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